¿Quién no ha soñado nunca con romper con la rutina y alejarse de la vida
cotidiana durante unos meses? En los países anglosajones es una práctica bastante
habitual, ya sea en jóvenes antes de entrar a la universidad que con la mochila
se van a ver mundo, o en profesionales con ganas de hacer un paréntesis en su
carrera. Aquí, en cambio, es una opción muy poco corriente y por lo tanto se
suele ver con mucho escepticismo. O estudias o trabajas, o estudias y trabajas
y si no, o eres un “ni ni” o estás jubilado o en el paro.
Cuando pensamos en un año sabático, posiblemente el que primero nos viene a
la cabeza es una hamaca en la playa y un año “lleno de no hacer nada”. Pero un
periodo sabático no tiene porque significar dejar de trabajar, puede ser
simplemente un cambio temporal en un sector menos estresante o la dedicación
durante un tiempo a un hobby de manera profesional. Si bien es cierto que otras
opciones incluyen voluntariados, viajes, dedicación en la familia, a estudiar,
a reciclarse y un larguísimo etcétera. Y cómo que no es solo una cuestión de
diversión, si no de perspectiva vital, los periodos sabáticos suelen implicar
un tiempo largo de preparación, de reflexión y una lista más o menos larga de
objetivos.
En nuestro caso, esperamos que nuestro año sabático sea uno de los años más activos de nuestras vidas, un año lleno de actividades y de experiencias. Algunas de ellas encaminadas al el enriquecimiento personal, otras que esperamos que nos ayuden a mejorar nuestra carrera profesional y sobre todo y lo más importante, será todo aquello que ahora mismo no podemos ni imaginar que haremos.
¿Pero un año sabático es realmente un lujo o una necesidad? Puede parecer
que con los tiempos que corren sea más bien una locura, pero si lo pensamos bien,
de un periodo sabático podemos sacar provecho, mucho más allá de los objetivos
iniciales que nos hayamos marcado. Vivimos demasiado mecánicamente y en una
sociedad inmersa en la rutina y la comodidad. A medida que pasan los años
acabamos leyendo los mismos periódicos, viendo las mismas por películas,
coincidiendo con la misma gente en los mismos lugares... Adoptamos hábitos que
nos uniformizan y dificultan nuestra capacidad de innovación. Sólo en algunos
casos, y por milésimas de segundo, tomamos conciencia de nuestra verdadera
realidad, de lo que nos gusta y de lo que no, de lo que estamos haciendo y de lo
que nos gustaría hacer. Por eso, tomar un año sabático para respirar,
reflexionar, redescubrirnos y recomenzar, puede ayudarnos a recordar aquello
que siempre hemos querido hacer. ¿Lujo o necesidad?
La playa de Akumal, nuestra casa durante el primer mes.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada